Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 15 de mayo de 2005

Historias y peripecias de la calle Antonio Varas

Desde su intersección con Copiapó hasta encontrarse con Pérez Rosales, la calle Antonio Varas ha sido testigo de las cuitas y alegrías de generaciones de puertomontinos.

Por Sergio Millar Soto

La calle Antonio Varas nació junto con Puerto Montt, como arteria principal, y don Vicente bautizó a la ciudad y a su calle con el nombre de los visionarios estadistas que apoyaron "a brazo partido" la creación de este pueblo que, con el correr de los años, habría de convertirse en capital de toda una región. El salón Montt-Varas en el Palacio de La Moneda, la plaza Montt-Varas en los jardines de los Tribunales de Justicia en Santiago, son una afirmación más de que su sapiencia política los unió para siempre en la Historia de Chile.

La calle Antonio Varas tiene su historia, riquísima: por sus barriales espesos no sólo rodaron las carretas alemanas de cuatro ruedas tiradas por la fuerza bruta de los bueyes, o las de dos ruedas que circularon al trote de un percherón, sino también los tranvías que, tirados por caballos, se deslizaban por los rieles de acero que serpenteaban por su calzada de adoquines.

 

Carros de sangre

 

Eso sucedía en los primeros años de la década de 1920, cuando los puertomontinos vivieron ese evento tan especial, inédito, con su primera locomoción colectiva, los tranvías tirados por caballos, que rápidamente fueron bautizados como "carros de sangre".

Los carros circulaban sobre rieles instalados a todo lo largo de Antonio Varas, desde la intersección con Copiapó hasta el final de Cayenel, con paraderos en el Club Alemán, Plaza de Armas, Pedro Montt, Botica Grassau, Talcahuano, Valdivia, final de Cayenel, donde "doblaba" por 21 de mayo hasta llegar a Angelmó. El acceso a los carros tenía particularidades dignas de destacar, como por ejemplo, el hecho de que los pasajeros podían subir y bajar sobre la marcha.

No obstante, pese a la baja velocidad, los peligros eran inminentes: "Sería conveniente que la policía vigilara estrechamente a los muchachos vagos que se ocupan en poner piedras sobre los rieles y en las curvas para ocasionar descarrilamientos que molestan al público y pueden ocasionar deterioros en los tranvías y hasta accidentes personales", como reza una crónica de la época.

 

La ex calle Cayenel

 

La mención que hemos hecho de Cayenel merece una explicación. Así se llamaba la calle desde el negocio de los Outridges (hoy Dimarsa), hasta Lota; pero por ley Nº 4872 de 14 de agosto de 1930, se dispuso el cambio de su ya tradicional nombre por el de Antonio Varas, acción considerada como poco afortunada por la opinión pública, que apuntó sus dardos contra la Municipalidad, aduciendo que era ella "la llamada a velar por el respeto y conservación de las tradiciones".

 

Deustche Schule y Herdesol

 

En la intersección de Varas con Copiapó - donde partían los carros de sangre-, estaba el templo de la Iglesia Luterana de Melipulli (construida en 1906) cuya torre principal se cayó con el terremoto del 60. Allí estuvo también hasta 1960 la Escuela Alemana, la Deutsche Schule, que era un inmenso caserón pintado de amarillo. En la esquina del frente se construyó después el edificio de Hernán de Solminihac, concesionario de la Ford, más conocido después como Herdesol que, aparte de hacer negocios con los repuestos, patrocinó un brillante y entusiasta club deportivo. Hasta esa esquina llegaban los hinchas para conocer las novedades, dándole más vida a esta esquina con historia. El movimiento vehicular y peatonal aumentó con la instalación allí en 1971 del terminal de buses Varmontt, que abrió el camino del transporte de pasajeros hacia el norte del país.

 

El Llanquihue

 

Avanzando hacia el poniente, en la segunda cuadra, Carlos Wiederhol construyó, en la segunda mitad del s.XIX, un gran edificio para su comercio, hasta que la casona fue adquirida por "El Llanquihue", en los tiempos del director Ewaldo Hohmann, quién destinó uno de sus salones para el servicios de la comunidad. Allí nacieron clubes deportivos, asociaciones gremiales, artísticas y otras instituciones como el Centro para el Progreso, que impulsaron el quehacer puertomontino durante todo el siglo veinte.

 

Viajeros, jockey, bohemia

 

Un poco más allá y frente a la plazoleta Alemana se alzó el edificio del Club Alemán. A su lado oeste estaba el Hotel Miramar y en la esquina del frente el Hotel Montt, de los Palaneck. Ahí, en esa cuadra y media, circulaban, al atardecer, los bohemios que se trasladaban entre uno y otro de esos locales.

En los tiempos de gloria del tren, cuando llegaba el Flecha del Sur, los turistas nacionales y extranjeros copaban las habitaciones de esos hoteles y las mesas de los restaurantes para deleitarse con los mariscos que, al igual que Angelmó, eran famosos en el mundo entero.

Al frente de todos ellos y a los pies del edificio de la Municipalidad (proyecto del notable arquitecto y pintor Elizardo Bravo Scherdel) existió alguna vez una cancha de patinaje donde la juventud practicaba hockey ante la admiración de numeroso público.

 

El bostezo del alcalde

 

En 1870 se terminó de construir, en Varas esquina San Martín, el primitivo edificio de la municipalidad, que era llamado la Recova porque albergaba el mercado municipal. Con el correr de los años, al finalizar el decenio de los años 1950 se levantó allí el Hotel Pérez Rosales que dio un aspecto de modernidad al centro de la ciudad. Ahora es el hotel Don Vicente y sigue siendo centro de la vida social puertomontina.

Pero un poco antes, frente a la Plaza, estaba el kiosko de cemento que por su forma cóncava era más conocido por "el bostezo del alcalde". Era el centro de toda actividad cívica porque allí se instalaban las autoridades para los desfiles. Los domingos era infaltable la presencia de la banda del Regimiento Sangra que tocaba la retreta, presenciada y escuchada por los transeúntes que daban vueltas y vueltas por la Plaza.

 

El cine-teatro Rex

 

Con motivo de la conmemoración del Centenario se construyó el cine y teatro Rex, de la sociedad Rentas y Teatros. Se inauguró con la película Sinfonía en Paris. Después llegó una avalancha de artistas de la nueva ola y de radioteatro que venían a presentar sus comedias. Estrellas de cine como Sarita Montiel, Joselito, Cantinflas, Libertad Lamarque, causaban la admiración de jóvenes y viejos. Y entre los artistas nacionales, sólo por nombrar algunos, Luis Dimas, Chino Navarrete, Gloria Benavides, Pat Henry; además de los mejicanos Guadalupe del Carmen y Miguel Aceves Mejías; y cómo no recordar la chilenísima Pérgola de las Flores de Francisco Flores del Campo; todos tenían sus fans y a la salida de las "funciones", los espectadores se desparramaba por la misma calle Varas en busca de diversión nocturna...hasta que vino "el golpe" con los toques de queda, y las fiestas tenían que hacerse en las casas particulares "de toque a toque".

 

Vida nocturna, boxeo

 

En 1953 se inauguró el Gimnasio Municipal de calle Lota que con sus actividades deportivas originaba un intenso tráfico nocturno en calle Varas, donde se instalaron restaurantes, cafés y bares. Los más frecuentados eran la "fuente de soda" Rapa Nui y el bar restaurant El Bodegón.

Pero mucho antes, al final de Varas se alzaba el teatro Municipal que se transformó en Coliseo en 1948. Fue el más famoso recinto de boxeo que haya tenido Puerto Montt. Ahí triunfaron en el deporte de los puños "Tortilla" Hernández, Carlos Riveros, Jorge Huineo, Rolando Espíndola, Anselmo Calbeague...El Coliseo era un hervidero los fines de semana. Muchos recuerdan todavía la imagen de la abuelita Carreño echando garabatos a los contendores del club de sus amores, el Lintz.

 

Comercio

 

Durante la segunda mitad del siglo XX la calle Varas fue asiduamente visitada por las dueñas de casa que acudían a comprar sus víveres en los negocios que instalaron comerciantes alemanes, españoles, árabes, franceses. Los compradores llevaban su lista de mercaderías que entregaban al dependiente, o al propio dueño, que prestaban lo que hoy se llama una atención personalizada. Todavía no se hacían presente los supermercados.

La tradición mercantil sigue vigente; se han sumado comerciantes orientales.

Desde la Plaza Buenaventura Martínez, hasta su conexión con Pérez Rosales, la calle Antonio Varas, con sus tiendas, bancos, oficinas, financieras, continúa siendo la arteria principal de Puerto Montt. En la intersección de la antigua Cayenel con Varas se excavan hoy los cimientos de lo que mañana será el bulevar, un ambicioso proyecto de paseo cubierto, acorde con la modernidad que experimenta la ciudad capital regional que nació, creció y se expandió alrededor de la arteria que da identidad a Puerto Montt.

Varas esquina Quillota, donde después se construyó el Hotel Miramar, que fue destruido por el terremoto. En su lugar se edificó la Casa del Arte Diego Rivera, símbolo de la cultura puertomontina.

 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto