Pérdida de competitividad
Si Chile no concuerda cuestiones elementales en su sistema político, sólo veremos caer al país en cada uno de los rankings que vayan apareciendo. El retroceso en el ranking de The Economist debe ser un llamado.
Chile ha experimentado un retroceso significativo en el ranking elaborado por la revista británica The Economist sobre el desempeño económico de los países miembros de la OCDE. Este año, el país se ubicó en el 11.° lugar, cayendo cuatro posiciones respecto al 2023, cuando ocupaba el 7.° puesto y formaba parte del "top 10". El ranking de The Economist se basa en cinco indicadores clave: el producto interior bruto (PIB), el desempeño bursátil, la inflación subyacente, el desempleo y el déficit público. España lidera la lista gracias a su robusto crecimiento del PIB, que se estima superará el 3% este año, impulsado por un mercado laboral fuerte y altos niveles de inmigración. En contraste, Chile ha mostrado dificultades para mantener el dinamismo económico que lo caracterizó en décadas pasadas.
Uno de los aspectos que podría explicar este retroceso es el enfriamiento de la economía chilena en los últimos años. El crecimiento del PIB se ha visto limitado, y aunque el país ha logrado moderar la inflación, el desempleo y la informalidad laboral siguen siendo preocupaciones persistentes. Además, la incertidumbre política derivada del proceso constituyente y los cambios regulatorios han afectado la confianza de los inversores, tanto nacionales como extranjeros. Sin embargo, también es importante destacar que este retroceso no significa un colapso. Chile sigue siendo una de las economías más competitivas de América Latina y cuenta con una base sólida para avanzar. Para revertir esta tendencia, será crucial priorizar la estabilidad macroeconómica, fomentar la inversión, mejorar la productividad y la calidad del diálogo.