Usted está en : Portada : Reportajes Lunes 7 de noviembre de 2005

"El teniente Merino rescató a mi padre"

Las patrullas Merino y Montiel se disputaron la llegada a la cumbre del cerro Pérez para rescatar los cuerpos de los pasajeros del avión Fach estrellado en la cumbre.

Por Sergio Millar Soto

Las agrestes montañas de Aisén fueron el único testigo de la tragedia del Douglas DC3 en que fallecieron 190 personas el 13 de junio de 1963.

A las 15 horas del domingo 16 de junio de 1963, el Douglas DC-3 de la Fuerza Aérea se estrelló en la cúspide del cerro Pérez, falleciendo en forma instantánea mi padre Emilio Millar Muñoz, mi hermanita María Eugenia Millar Soto, junto a 17 tripulantes y pasajeros de la aeronave, con la excepción de Guillermo Ayala.

Esa misma tarde y al día siguiente comenzó a operar el sistema de búsqueda y rescate.

El aviador Ernesto Hein Águila no descansó, sobrevolando una y otra vez la zona hasta que logró divisar los restos del Douglas y dar cuenta de su situación a las patrullas que en esos momentos se dirigían por tierra al lugar donde presumiblemente se había estrellado el avión. A las 8 de la mañana del lunes había llegado a los pies del cerro, en la lancha "Divina" de Vialidad, la patrulla de Carabineros mandada por el sargento Manuel Montiel que inició la ascensión de la montaña que era, en pleno invierno, una muralla de barro, selva virgen y troncos entrelazados.

Dos horas después desde Puerto Aisén, en la lancha "Guaiteca", partía una segunda patrulla comandada por el teniente Hernán Merino Correa. A esa hora la patrulla Montiel se abría camino a golpes de machete a través de un infierno pantanoso, cubierto de quilas, con visibilidad nula por la espesura y la bruma, con las ropas empapadas y los rostros arañados. Cuando oscurecía y a 40 metros de los restos del avión, la patrulla Montiel fue alcanzada por la patrulla Merino y relevados, ordenándoseles su regreso, pues estaban desfallecientes de hambre y frío.

Aquella noche la patrulla Merino vivaqueó sin más protección que dos mantas impermeables. Al alba lograba llegar al sitio de la catástrofe para presenciar una escena desgarradora. Entre las cenizas y el humo, sólo Guillermo Ayala sobrevivía acurrucado entre los restos, aún crepitantes, del avión. Los restos de los demás pasajeros y tripulantes yacían esparcidos por toda el área circundante.

Se inicia el regreso transportando en bolsas los restos de los fallecidos y a pulso al sobreviviente. Oscurece, y Merino y sus hombres se precipitan rodando entre las lianas y el barro. Sólo a medianoche logran llegar a la lancha "Divina", envueltos los carabineros en vapor de agua, silenciosos y desencajados. Habían pasado 48 horas sin comer. El herido es transportado a Aisén. También los cuerpos calcinados, por las patrullas Fach y Rescate Andino.

 

Pasajeros y tripulantes fallecidos

 

Los pasajeros fueron César Vielmo; Arturo Alvarez; Emilio Santandreu, Sor Catalina, Ismael Mandiola, Adriana Millas, Octavio Machuca, Alejandra Machuca y Nazario Escobar; Heriberto Cárdenas y Clodomira de Ayala. La tripulación: comandante Luis del Fierro (pilotos); comandante Silvestre Mahuzier (copiloto); teniente Alfonso Duhalder (navegante); sargento Miguel Lastra (radioperador); sargento Roberto Haros (mecánico); y cabo Enrique Toutin (ayudante mecánico).

 
 
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