Usted está en : Portada : Reportajes Miércoles 27 de abril de 2005

El dramático relevo de las patrullas Montiel y Merino

Hace 42 años los carabineros de Aisén escribieron una página imborrable en la historia de la solidaridad y el heroísmo nacionales.

Por Sergio Millar Soto

Rodando en el barro

Se inicia el regreso transportando en bolsas los restos de los fallecidos y a pulso al sobreviviente herido. Oscurece y los hombres se precipitan rodando entre las lianas y el barro. Se agotan las pilas de las linternas y la oscuridad y la lluvia lo confunden todo. Sólo a medianoche logran llegan a la lancha "Divina", envueltos los cuerpos en vapor de agua, silenciosos y desencajados. Habían pasado 48 horas sin comer.

El herido es transportado a Aisén. También los cuerpos calcinados que fueron rescatados por patrullas de la FACh y de Rescate Andino. En la isla Tres Hermanas, Melipichún seca su ropa en el fogón de piedras y hojarascas. En Puerto Aguirre y Puerto Aisén una veintena de carabineros se rinden al sueño mientras rememoran la mortal pesadilla; pero al día siguiente, los integrantes de las patrullas Merino y Montiel están nuevamente de servicio en las calles de sus respectivos pueblos.

El 16 de junio de 1963, el Douglas DC-3 Nº 953 de la Fuerza Aérea de Chile, se estrelló en la cúspide del Cerro Pérez, a la salida del estuario de Aisén. Fallecieron 6 tripulantes y 13 pasajeros. Sólo un pasajero, Guillermo Ayala, se salvó. La tripulación estaba formada por el comandante Luis del Fierro Bull (piloto); comandante Silvestre Mahuzier Peña (co piloto); teniente Alfonso Duhalde Salazar (navegante); sargento Miguel Lastra Tapia (radioperador); sargento Roberto Haros Estay (mecánico); y cabo Enrique Toutin Verdugo (ayudante de mecánico).

Los pasajeros fallecidos fueron el Vicario Apostólico César Vielmo Guerra, sargento de la Fach Arturo Alvarez; Emilio Santandreu, Sor Catalina, Ismael Mandiola, Adriana Millas de Machuca; los menores Octavio Machuca, Alejandra Machuca y Nazario Escobar; Heriberto Cárdenas y Clodomira de Ayala. También mi padre Emilio Millar Muñoz y mi hermanita María Eugenia Millar Soto.

La tragedia del DC-3 Nº 953 se conjuga con una historia de heroísmo escrita por el personal de Carabineros de Aisén.

 

Carabineros al rescate

 

Hacia las 3 de la tarde de ese domingo, el buzo mariscador Francisco Melipichún escuchó una fortísima explosión y una columna de humo negro que se elevaba desde la cumbre del cerro. Se dirigió en su chalupa al retén de Puerto Aguirre. Llegó al filo de la medianoche. El sargento 2º Manuel Montiel Cárdenas organizó una patrulla con el cabo Eduardo Barría Vidal, el carabinero Juan Marín Hernández y el propio Melipichún, con los cuales se embarcó en la lancha "Divina" de la Dirección de Vialidad, dirigiéndose al pie del Cerro Pérez. A las 8 de la mañana iniciaron, bajo una lluvia torrencial, la ascención de la montaña que era una muralla de barro, selva virgen y troncos entrelazados.

A las 10 horas, otra patrulla partía desde Puerto Aisén en la lancha "Guaiteca" al mando del teniente Hernán Merino Correa, e integrada por Néstor Barrientos (dentista), el sargento primero Teobaldo Rivera, el vice 1º José Ojeda, los sargentos 2º Santiago Ampuero y Ernesto Durán, los carabineros José Barría, Hugo Mora, José Muñoz, Victoriano Soto e Isamel Villegas, los cabos Heriberto Rojas y Pedro Osorio, el alcalde Germán Alvarado, la enfermera Sara Musiet, el practicante Juan Novoa, las religiosas sor Lucía y sor Filomena y el sacerdote Victorino Bertocco.

Al mediodía zarpaba la "Luciérnaga" con el intendente Cosmelli y el teniente Coronel Anziani de Carabineros; y a las 14.30 la lancha "Alicia" con personal del Ejército.

 

Un infierno pantanoso

 

A esa hora la patrulla Montiel se abría camino a golpes de machete a través de un infierno pantanoso, cubierto de quilas, con visibilidad nula por la espesura y la bruma, con las ropas empapadas y los rostros arañados. Cada cierto tiempo alguien se subía a la copa de un árbol para tratar de ubicar la cumbre.

Cuando estaba oscureciendo, y a 40 metros de los restos del avión, fueron alcanzados por la patrulla Merino y relevados para que regresen, pues estaban desfallecientes de hambre y frío.

 

Salvado

 

Aquella noche la patrulla Merino vivaqueó sin más protección que dos mantas impermeables. Al alba lograba llegar al sitio de la catástrofe para presenciar una escena desgarradora. Entre las cenizas y el humo, sólo Guillermo Ayala sobrevía acurrucado entre los restos, aún crepitantes, del avión. Los restos de los demás pasajeros y tripulantes yacían esparcidos por toda el área circundante.

En el cielo, un Grumman y un helicóptero sobrevuelan el cerro para arrojar alimentos y medicamentos que, arrastrados por el viento, caen muy distantes y desaparecen tragados por la selva.

 

 

Un sobreviviente

 

Sólo Guillermo Ayala sobrevivía acurrucado entre los restos, aún crepitantes, del avión.

 

Patrulla montada de Carabineros. La experiencia de la policía uniformada fue sometida a una prueba de fuego cuando debió rescatar a las víctimas del Cerro Pérez.

 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto