Usted está en : Portada : Reportajes Jueves 24 de febrero de 2005

La gesta de la Colonia Huillinco

El educador Carlos Vidal Paris, premio a la Excelencia Académica, nos traspasa la memoria de sus ancestros que colonizaron este pedazo de tierra chilota.

Por Sergio Millar Soto

Inmigrantes alemanes que llegaron en el "Osiris": Wilhelm Knopke, su esposa Wilhelmina Kemling y sus hijos Rodolfo, Enrique, Pablo, Lina, Francisco y Gustavo. Villaguín: Francisco Villaguín, hijo de colonos , era guardahilos y recorría en su moto la línea del telégrafo entre Ancud y Linao.

El compromiso del colono

Al llegar a Chiloé, todo colono debía firmar un contrato con el Gobierno en el que se comprometía:

-A establecerse con su familia en la hijuela que se le designare y trabajarla personalmente durante seis años, al menos. Durante este tiempo no podía ausentarse de la colonia sin permiso del director de ella.

-A devolver los adelantos que en dinero o en especies hubiere recibido del Gobierno. Este reembolso se verificaría en cinco anualidades, cada una de una quinta parte del total de la deuda, pagaderas desde el cuarto año de la fecha de establecimiento del colono.

-A no enajenar ninguno de los objetos recibidos para el trabajo sino cuando los reponga por otros análogos y esto con el permiso del director de la colonia.

-A no enajenar su terreno, ni hacer sobre él promesa de venta o contrato alguno que lo privase de su libre tenencia y cultivo, mientras no recibiera el título definitivo de propiedad.

-A respetar el reglamento de la colonia y las medidas que se dictaren para su mejor gobierno.

Andando el año 1895, en Hamburgo, un grupo de hombres, mujeres y niños se tomaron de la mano, abordaron el vapor "Osiris", emprendieron el viaje dejando atrás a sus seres queridos, amigos y tierras que nunca más volverían a ver, y después de una travesía de dos meses por el Atlántico, desembarcaban en el puerto de Ancud, Chiloé. Eran las primeras 23 familias inglesas y españolas. Luego en 1896, llegarían alemanes a Quetalmahue y franceses a Lechagua, puertos también ubicados en la bahía de Ancud.

Así resume Carlos Vidal Paris, director de la escuela El Sembrador de Chope, Isla Puluqui, la llegada de los primeros colonos extranjeros a la isla de Chiloé. Y prosigue: "Más tarde, en 1897 alemanes, holandeses, ingleses y escoceses desembarcaban también, para instalarse en Lajas Blancas y Mechaico, pero finalmente decidieron sortear el difícil lecho del río Huinaimo para echar definitivamente raíces en Huillinco y Pumanzano".

 

A golpe de azadones

 

Desde ese momento se iniciaba la gesta chilota de estos europeos que "a golpes de hachas, azadones, herramientas hechizas, su fuerza, ingenio, fe y optimismo, limpiaron un pequeño espacio para que, junto a lumas, tepas, mañíos, ulmos, coigües, canelos, chucao, güetas, pájaros carpinteros, queltehues, bandurrias, loros, venados y zorros, construir sus modestas viviendas y comenzar el duro y penoso trabajo para cumplir cada una de las cláusulas del contrato que se había firmado".

"Los colonos comenzaron su andar sin "arrugar" -dice Vidal-; a mostrar su espíritu aventurero, en el noble sentido de la palabra, afloraron sus cualidades de autodidactas, impulsivos, generosos, solidarios, amigos del trabajo cooperativo, honestos, honrados, llenos de afecto y cariño; dotados, además de cualidades físicas excepcionales, de naturaleza vencedora, con talentos múltiples y un sentido práctico innegable.

"Todas esas características, junto a su valor, energía y excelencia de sus cualidades humanas, los llevaron a no conocer el miedo y enfrentar con fe y optimismo la dura tarea diaria de transformar -con sierras a brazos- los árboles en tablas, a rozar, destroncar, limpiar, barbechar, sembrar, cosechar, crias animales, especialmente vacunos, los que darían la leche para fabricar quesos y mantequilla, lo que llevarían hasta Ancud en "dornajos", birloches, carretas o caballos, sorteando pantanos y ríos como el Llanco, Huillinco, Quempillén y Pudeto.

 

Yendo a Ancud

 

"¡Qué alivio se sentía cuando se llegaba a la playa de Caipulli! Pero ¡Qué espanto, cuando al seguir el camino, había que cruzar el temido paso de Las Cuevas! Más tarde pasar por el Puente Grande (antiguo puente de madera sobre el río Pudeto) y llegar a la ciudad, vender la mantequilla donde Pedersen o entregarle a Oscar Wolf quien lo llevaría en barco hasta Puerto Montt.

"Una vez vendidos los productos, había que almorzar y tomarse algún trago en el club social de "Cabeza e'Luche", comprar dulces y chocolates donde "donde Retamal", comprar las cosas para la casa donde Antonio Kaisser, Félix Durán, Pedersen, Ricardo Kompatzky o Juan Haase; ver y comprar la ropa y los zapatos donde "Miseria", el Turco Vuenin o donde Pancho Loustau. Finalmente y ya echada la tarde, había que emprender el duro regreso a casa para que al día siguiente, y tras madrugar, rodear las vacas, hacer la lecheada (ordeña), luego descremar y batir la crema para, de nuevo, transformarla en mantequilla, empacar y volver a Ancud.

 

Milcaos y panqueques

 

"Nuestros antepasados supieron, mejor que otros, drenar pantanos y convertir ñadis y hualves en huertos y praderas fértiles donde hoy pastan vacas clavelas y cabras, ansiosas de producir la codiciada leche que hoy es base de la industria láctea chilota.

" Y ahora nosotros en esta tierra de curantos, cazuelas, chochocas, asados, milcaos y chapalele somos capaces de compartir la mesa con queques, kuchen, dompling, wafles, panqueques ingleses y holandeses.

 
 
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